El garrochero que no pudo acompañar a Urueta a la muerte

Recientes
Alejandro Cáliz Contreras, un hombre que afirmaba estar destinado a ser la cuarta víctima en la finca de su compadre Esteban Urueta en Córdoba, relata su experiencia en un impactante relato.

El Garrochero, apodo que se ganó por la dureza con la que se defendía de quienes lo atacaban, debía ser uno de los hombres que acompañaría a Esteban Urueta a la cita con la muerte. Era un hombre de pocas palabras y conocido por su fidelidad, cualidades que lo hacían un buen aliado y peligroso enemigo. La historia del crimen que conmocionó a Colombia, en el que Esteban Urueta fue asesinado en el municipio de Puerto Boyacá, comienza con el Garrochero y su negativa a acompañar a Urueta en ese viaje.

Un día, antes de que Urueta fuera asesinado, el Garrochero y varios de sus compañeros se preparaban para un viaje, una nueva aventura en busca de “la buena vida” en las selvas de la región. La llamada de Urueta lo sorprendió, era una invitación a un viaje, a un “negocio” que Urueta quería realizar. La propuesta parecía lucrativa, pero el Garrochero se negó, tenía un mal presentimiento, algo no le cuadraba, algo le decía que ese viaje podría ser su último.

Sin embargo, el Garrochero no podía saber que ese presentimiento era una profecía. Urueta y otros tres hombres, entre ellos dos “cabecillas” del grupo de narcos, partieron hacia el destino desconocido, dejando atrás al Garrochero y su mal presentimiento. En el camino, el grupo se topó con otro grupo de hombres armados, en lo que se presume fue un ajuste de cuentas. Los cuatro fueron asesinados y sus cuerpos abandonados en una zona rural.

El Garrochero, que se quedó en el campamento esperando el regreso de Urueta, se enteró del terrible suceso con un dolor profundo. No solo se había perdido a su amigo, sino que la muerte de Urueta desató una ola de violencia que cobró la vida de muchos de sus compañeros, incluyendo a los “cabecillas” que fueron asesinados en un enfrentamiento con las autoridades.

La historia del Garrochero nos habla de la crudeza del mundo del narcotráfico, un mundo donde la lealtad es una moneda de cambio y la muerte un destino inevitable. Pero también nos muestra la fragilidad de la vida y la importancia de la intuición. La negativa del Garrochero a acompañar a Urueta en ese viaje le salvó la vida, pero a la vez lo marcó para siempre.

La historia del Garrochero y el crimen de Esteban Urueta nos recuerda que la violencia del narcotráfico no solo afecta a quienes se involucran directamente, sino también a sus familias y comunidades. Y que la lealtad, en un mundo tan cruel como el del narcotráfico, puede ser un arma de doble filo.

Picture of Divergente Redacción

Divergente Redacción

Somos un medio de comunicación alternativo, diferente, diverso y apasionado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *